Pantalón de motocross

Desde que encontré mis pantalones de motocross, hace años en un vintage, han pasado por distintas etapas. Todas ellas muy mías y muy de ciudad.

El pantalón de motocross tiene su historia acompañándome. Pero, ¿por qué es que los trajes de motocross nos parecen todavía tan atractivos para usarlos todos los días?

Los trajes de motocross han sido mi fascinación toda la vida. Antes de que existiera Demna y Vetements, estuvo esa escena de Charlie’s Angels. Me daba lo mismo el guión, ni por qué estaban ahí; yo estaba hipnotizada por las motos y los trajes.

Incluso antes que eso, estuvo el circo de no se qué hermanos al que mis papás nos llevó cuando chicas. La gracia era ver cómo las motos daban vueltas y hacían acrobacias a toda velocidad, adentro de una pelota de fierro gigante, la pelota de la muerte. Estábamos tan cerca que sentía que estaba adentro de la pelota, casi, que era gigante, del porte de la carpa que también era gigante. Aunque cabe pensar que dado mi tamaño, las proporciones en mi cabeza no tuvieran que ver con la realidad.


Después vino una colección de Celine, en los golden years de Celine. Yo vivía en Nueva York. Y soñaba con esas piezas de cuero hechas de paneles de distintos colores. Encontré algo parecido en un vintage. Eran casi unos Celine, o por lo menos a eso me recordaron cuando los encontré.

Fue la época en que el huracán Sandy azotó a la Gran Manzana. El metro estaba fuera de servicio y yo vivía en Brooklyn.

La energía estaba tan rara…atravesábamos el puente de Williamsburg a pie y nos encontrábamos con una ciudad fantasma. Sin luz, sin agua. La gente cargando por turnos sus celulares en enchufes conectados a generadores en la calle. Los metros inundados.
Un par de cuadras hacia arriba, en el Upper Side; era otro Nueva York, nada había pasado. Había luz, agua, restaurants llenos, miles de turistas comprando.

Bajabas unas cuadras y, si se ponía el sol, te quedabas completamente a oscuras caminando por las calles. La gente usaba sus celulares como linternas. Estaba todo negro, no se sabía a dónde empezaba la cuadra, a dónde estaba la esquina, a donde estaba un edificio o con qué te ibas a tropezar. Caminar a tientas por Nueva York como cuando jugábamos a la pieza oscura.
Llegabas a Brooklyn y todo era fiesta, la gente se quería olvidar de tener que estar todos de refugiados en casas de amigos, unas vacaciones forzadas con pijama party incluído.
Una vez, devuelta de mi excursión a la ciudad, a ver cómo estaba, volví todavía con luz. Atravesé el puente y quedé en la mitad de Bedford. La calle principal de la parte más turística de Williamsburg.

Todavía Bedford no estaba prostituida como hoy, pero ya no era tan local tampoco. No habían farmacias ni supermercados, habían vintages y cafecitos estilo Berlin.

Me metí a un vintage, (retail therapy tal vez??) Era época de Halloween y este vintage, había preparado un perchero con piezas elegidas que les parecieron adecuadas para quien buscara un disfraz…me interesó. Entre los trajes circenses y las piezas raras, encontré la rareza más bella de todas. Mis pantalones de motocross.
Me estaban esperando, me quedaron perfectos. Cuales son la posibilidades de que un pantalón de cuero de un traje de motocross, quede perfecto?
Me los llevé. Supongo que las vendedoras se extrañaron de mi felicidad por un disfraz.
Nunca me los saqué, incluso siento que se veían elegantes.

¿A ustedes no les pasa que tienen algo que nunca falla cuando se quieren ver minas?  Eso que sabes que, cuando lo uses, te vas a sentir mejor. Te piropeas tu misma.
Este pantalón de motocross, era eso.

Cuando años despues, Gvasalia saco su versión deconstruida para Vetements, casi muero de amor.
Eso que sientes cuando ves algo que necesitas tener, que no puedes vivir sin tenerlo. Eso con lo que vas a soñar.

Eso se llama «deseo», algo con lo que operan todos quienes nos quieren vender algo. No se trata de necesitar, se trata de QUERER. Querer con locura algo que nos acabamos de enterar que necesitábamos. Asi funciona esta cadena de consumo.

Estuve a punto de comprar unos pantalones parecidos veinte tallas más grande y mandarlos a arreglar. Pero la gracia me habría costado casi como los originales de Vetements.

En Paris, donde están los mejores vintage, encontré otros. Esta vez verdes, tipo Kawasaki. Venían con chaqueta, pero decidí que era excesivo. Me quedaban enormes y los tuve que mandar a arreglar.

Quien sepa cómo funciona el pantalón de motocross, sabe que estos no están hechos para salir de fiesta. Sino para protegerte de caídas y accidentes a toda velocidad contra el asfalto. Para evitar que el roce de una caída que te arrastra contra el cemento, te queme y te deje sin piernas. Por eso son de cueros duros, gruesos y tienen protecciones plásticas en su interior por los costados. Estos estaban forrados de espuma, era como el monito de Michelin. Los arreglé, pero a pesar de ser hermosos, son demasiado duros para ser cómodos.

¿Como usarían ustedes unos pantalones de motocross? Para mí, la combinación perfecta es la mezcla de piezas opuestas. Por ejemplo una blusa victoriana, un blazer de terciopelo, un abrigo camel. Porque así, se saca al pantalónde la “cancha” y se incerta en la ciudad. Más específicamente, en nuestra propia cancha.

Una clave cuando no sepan si algo les queda bien o no, es si lo pueden hacer suyo. Si pueden usar algo que nunca pensaron usar, pero se les ve como si siempre lo hubieran usado; eso es hacerlo suyo.

Algo que muchas veces no nos pasa cuando se nos quiere convencer de usar la tendencia del último minuto, sin importar que no tiene nada que ver con lo que normalmente usamos o nos queda bien.

Y últimamente mis bellos pantalones son el update para otra de mis mezclas favoritas. Vestidos con pantalones. Vestidos vaporosos con jeans vintage cortados. Pero en invierno descubrí que para seguir usando mi vestido favorito del verano, basta con usarlo sobre una polera y mi pantalón de motocross.

Y así, algo que encontré escondido en el perchero de los disfraces de Halloween, sigue siendo mi as bajo la mango, incluso hoy.

*Fotos: Stephanie Pulido

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