Lentejuelas de Día

Usar lentejuelas a mi me hace sentir como si estuviera haciendo algo raro, casi escandaloso, algo fuera de lugar. Sobre todo si es de día y brilla el sol.

Voto porque haya más lentejuelas de día, más brillos y más alegría.

 

Porque no nos importe salir a la calle como queramos, porque seamos libres a pesar de las miradas raras.

Que la única vez que dejemos de hacer algo, sea porque nosotros mismos no estamos de acuerdo y no por que no nos atrevamos por los demás.

La ropa es algo muy superficial para muchos. Pero para mí es una forma de expresión. Y si nos expresamos libremente, sin faltarle el respeto a nadie, somos más felices.

A mi algo me pasa con las lentejuelas, desde chica. Mi mamá siempre me dice que donde había algo que brillaba, yo iba. Como las urracas…

Cuando uso cosas tan llamativas, casi de disfraz o de gala, me encanta mezclarlas con su opuesto. Como esta pollera de lentejuelas con camiseta. Sea de día o de noche, da lo mismo, la combinación funciona igual.

 

Hay que atreverse a salir más con lentejuelas a plena luz del sol, a mi me hacen sentir especial.

Aunque a la vez sea una provocación. Una provocación, sobre todo, a mí misma; una especie de probarme hasta dónde me atrevo a llegar.

Siempre he sido igual y la mayoría de las cosas que uso, o usaba, sobre todo cuando era chica, eran más una provocación a la gente que otra cosa. Sentía que las personas me miraban mucho con muy poco, sabía que era capaz de usar cosas todavía más llamativas. Pero con lo que fuera que usaba, la gente me apuntaba, me miraba, o se secreteaban cuando entraba a un lugar.

A pesar de mi timidez, no podía ir en contra de querer usar lo que me gustaba, sabiendo que entraría a un lugar y que iba a sentir todos los ojos sobre mí de una manera que me hacía sentir demasiado vulnerable.

Hoy más grande, sigo teniendo la misma sensación a veces, sólo que ya lo manejo un poco mejor, nunca dejé de ponerme lo que me gustaba, por cómo me iban a hacer sentir.

Y eso que hoy en día, estamos mucho más abiertos y señalamos menos con el dedo a lo que no entendemos.

Cuando era chica salía con todo puesto encima, en un país donde había muy poco lugar para la diferencia. Me vestía de adulta, y como tenía cuerpo de niñita, me veía disfrazada siempre.

Desde mis compañeras de clase hasta los adultos de la calle, todos se iban girando o hacían eso que me hacía sentir tan mal, mirarme y empezar a decirse cosas en secreto. Como si acabara de entrar alguien con lepra.

A mi los brillos y las lentejuelas me animan, me cambian el humor.

Por favor hagan el ejercicio en un día en que estén un poco bajoneados, de usar algo que tienen reservado para ocasiones especiales. Y lo mezclan con algún básico muy normal. Es el mejor remedio para animarnos y seguir para adelante.

Como pintarse los labios rojos cuando estás en un mal día. Uno que quieres que se termine luego, pero al que todavía le falta mucho para terminar. Te cambia la cara.

 

Asique voto porque haya más lentejuelas de día, más brillos y más alegría.

Porque no nos importe salir a la calle como queramos, porque seamos libres a pesar de las miradas raras.

Que la única vez que dejemos de hacer algo, sea porque nosotros mismos no estamos de acuerdo y no por qué no nos atrevamos por los demás.

La ropa es algo muy superficial para muchos. Pero para mí es una forma de expresión, y si nos expresamos libremente, sin faltarle el respeto a nadie, somos más felices.

 

//pollera Magpie/ sandalias Mutma/ medias Calzedonia/ aros Uterque//

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